Nabo del diablo

Nabo del diablo

 Prestar atención sobre esta planta muy común en el campo de Navatejera, porque se trata de una planta muy tóxica mortal. Se la conoce con el nombre de “nabo del diablo” o “apio del diablo”.

Una característica a tener en cuenta es que sus flores de color blanco están dispersas en forma de sombrilla (umbela), por lo tanto, nunca manipular o comer plantas de este tipo, pues hay muchas y diferentes que no conocemos y podemos llegar a confundirlas. Como dijo el autor de “Las Mil y una Noches”, “planta que no te da de comer, déjala correr”. Su floración comienza a principios de primavera hasta finales del verano y suele crecer en acequias y terrenos húmedos como regueros, caminos y cunetas.

Las hojas de color verde son muy divididas como las que tienen la zanahoria o el perejil. La raíz es
de color morado muy poderosa y multitudinaria que cuando se corta desprende un líquido característico de color amarillo anaranjado.

En el caso de confundir esta planta y comerla por error, lo primero que hay que hacer es ingresar en el hospital más cercano que tengamos y pedir ayuda médica lo antes posible. Los síntomas son claros: ataca al sistema nervioso central y puede causar vómitos, convulsiones permanentes hasta un paro respiratorio.

Este tipo de intoxicaciones, muy comunes en la ingesta de setas desconocidas, es muy importante que el paciente describa al médico que le atiende que tipo de planta ha comido: forma, color, etc. pues de lo contrario el diagnóstico se convierte en imposible. La confusión está detrás de la gran mayoría de casos de envenenamientos, ya sean plantas o setas. Sin embargo, el tiempo es clave para el buen pronostico y tratamiento.

El Boletus edulis

Boletus edulis

 Si existe un tipo de seta en Navatejera que despierta el interés general, ese probablemente sea el Boletus edulis, más conocido como “seta calabaza”, muy apreciado tanto por los aficionados a la micología, como por los amantes de la gastronomía otoñal.

La principal forma de identificar un boletus es la ausencia de láminas bajo el sombrero como tienen los níscalos o la seta de cardo. Los boletus tienen una superficie porosa similar a una esponja. Esta especie de esponja está formada por tubos o poros. Otra característica de los boletus es que son setas carnosas y blandas al tacto con forma generalmente de paraguas.

La esponja de los boletus es de color blanco cuando son jóvenes, amarillenta en edad intermedia y verde oliva cuando ya son viejos. Si la esponja es blanca se puede comer, si es amarilla es mejor retirarla y espaciarla por el suelo, y si es de un tono oliva mejor dejarla sin tocar.

Al recolectar los boletus hay que asegurarse de que no tengan gusanos, para ello es recomendable hacer cortes en el pie del boletus y mirar si tiene galerías o pequeños agujeros por donde sube el gusano, lo mismo que hacemos cuando pelamos una patata que ha sido atacada por algún gusano, pero no sabemos hasta donde ha llegado.

Las cuatro especies de boletus más buscados y mejor valorados que podemos encontrar en nuestro campo de Navatejera, denominados por los expertos como “los cuatro magníficos” son: B. edulis, B.aereus, B. pinícola y B. reticulatus.

El más común de todos ellos es el B. edulis, más conocido como “seta calabaza”. Una de las características de este boletus es la arista blanca que recorre toda la margen del sombrero. El B. edulis es el de mayor prestigio culinario dentro del género Boletus y el más usual de todos debido a que brota en gran cantidad de hábitats diferentes.

El B. edulis destaca por su carne blanquecina y sombrero viscoso de color canela, aunque de viejo tire a un color más claro. El color del sombrero depende en gran medida de donde aflore la seta, si en pinares, en matas de robles o bajo encinas, también si es joven o adulto.

El robusto pie del B. edulis es de color crema blanquecino de joven, que con el tiempo se vuelve amarillo verdoso, con un entramado de mallas fibrosas. El B. edulis es una seta comestible muy apreciada en muchas cocinas, generalmente crece asociado a plantas y árboles como el roble, la encina o el pino silvestre, también se le puede encontrar entre aulagas y brezos.

El B. edulis suele aparecer ya desde finales de verano hasta finales de otoño, especialmente después de días seguidos de lluvia.

Existen otros boletus comestibles como el B.aereus, más conocido como “seta negra” con sombrero marrón tirando a negruzco y pie en forma de botijo.

Boletus aereus
 
Boletus pinicola
El B. pinicola también conocido como “seta de pino”. Es el boleto de primavera por excelencia. Brota desde primavera hasta finales de otoño. En algunos pinares de Navatejera este boletus es muy abundante en primavera, en otros pinares es más abundante en otoño. 

Como todos los boletus necesita lluvia abundante y temperaturas suaves. Crece bajo los pinos silvestres viejos, aunque también se le puede encontrar en el monte asociado a matas de robles o bajo encinas. El sombrero presenta un color caoba a pardo rojizo. El pie es grueso, ventrudo hacia la base y muy panzudo. La carne es blanca, densa y espesa, con un olor perfumado y sabor agradable, muy parecido al B. edulis.

Boletus reticulatus
Otro boletus comestible es el Boletus reticulatus, más conocido como “boleto de verano”. Es un boleto que le gusta la calor, de ahí que su temporada alta sea en pleno verano. El sombrero presenta una cutícula o piel seca y aterciopelada que tiende a agrietarse con tiempo seco. Es de color marrón pardo o avellanado. El pie presenta una retícula bien marcada, una especie de malla bulbosa y prominente. La carne es blanca, gruesa y firme con un olor agradable. Brota desde finales de la primavera hasta finales de verano. En el campo de Navatejera se le puede encontrar bajo encinas, matas de robles y en pinares añosos.

Hay otros boletus que no tienen ningún valor gastronómico como el B. fragans, B. calupus, etc. Y hay otras dos especies que son tóxicas aunque no mortales como el B. satanás y el B. rhodoxanthus que se caracterizan por tener un tono rojo muy llamativo.

El níscalo

El níscalo en un pinar de Navatejera. Diciembre 2025.

De entre las múltiples especies de setas comestibles que podemos encontrar en el campo de Navatejera destacan tres: el níscalo, los boletus y la seta de cardo. Hoy vamos a hablar del níscalo, una seta comestible y fácil de identificar, muy común en los pinares de Navatejera y muy apreciada gastronómicamente hablando.

El níscalo aflora desde finales del verano hasta finales de otoño. El sombrero de color naranja-zanahoria, con forma de copa, es relativamente fácil de distinguir entre la hojarasca del suelo, aunque a veces se disfrace de círculos concéntricos de tonos rojizos que le mimetizan con el entorno. De joven, el sombrero del níscalo se encuentra enrollado por los bordes y conforme envejece se aplana para evolucionar en forma de embudo.

Vista inferior del níscalo y el pie ahuecado.

El pie del níscalo es ahuecado, como se puede apreciar en la fotografía, más o menos cilíndrico y estrecho en la base, es del mismo color del sombrero, pero algo más pálido con algunos hoyitos superficiales. Las láminas apretadas y finas son del mismo color que el sombrero. Su carne es densa y compacta, de olor afrutado y de grato sabor, (aunque ami las setas nunca me han gustado demasiado), con un color blanquecino hacia el centro. A menudo se consume asado, guisada o escabechada, y también como complementos de guisos. Sus proteínas son escasas pero de alta calidad, y su contenido en fibra favorece el tránsito intestinal.

El níscalo se oxida rápidamente después de recolectado o cuando envejece, adquiriendo entonces un tono verdoso. Para la recolección del níscalo se suele utilizar navaja con la que cortar el tallo. También es necesario usar una cesta de mimbre o similar, nunca depositarlos en una bolsa de plástico, pues aparte de estar prohibido, las esporas no caerían en el suelo y se podrían llegar extinguir. 

La tonalidad verdosa no es muy agradable para la vista, pero no afecta a su gusto ni a su ingesta. Son un indicador de oxidación y suele aparecer pasados unos días de su recolección o cuando por alguna circunstancia han sufrido algún golpe.

La carne del níscalo es de color blanquecino, densa y compacta

El níscalo al recolectarlo desprende un látex de color naranja casi rojo.


ALGUNOS CONSEJOS:

¿CÓMO SE PUEDE PREVENIR LA INTOXICACIÓN POR SETAS?

—No comer especies mezcladas ni setas crudas o poco cocinadas.
— No ingerir más de 250 gramos de setas a la semana.
—Las setas en grandes cantidades, aunque sean comestibles, son bastante indigestas.
—Estar seguro de que las setas que vamos a cocinar sean comestibles, en última instancia preguntar a un especialista si no estamos seguros.
—Es importante evitar LOS FALSOS NÍSCALOS que son tóxicos y pueden causar vómitos y diarrea. Además, se recomienda no dar setas a los niños pequeños, personas mayores o embarazadas debido a los riesgos de intoxicación y deshidratación.

OTROS CONSEJOS:

—Para lavar los níscalos o cualquier otro tipo de setas es recomendable no sumergirlos bajo el grifo o dejarlos en remojo porque absorben demasiada agua, lo que les quita sabor y textura. Lo mejor es limpiarlos con un cepillo suave o un trapo de cocina ligeramente húmedo para retirar la tierra suelta. En caso de que estén muy sucios, se puede hacer un enjuague rápido bajo el chorro de agua fría, asegurándose de secarlos muy bien inmediatamente después.

¿COMO ACTUAR ANTE UNA INTOXICACIÓN POR SETAS?

—Debemos de acudir inmediatamente al centro médico más próximo, en nuestro caso al Hospital de León, para poder tratarlo adecuadamente.

¡Buen provecho!


El torvisco en otoño

 

El torvisco, más conocido en Navatejera como “matagallinas”.
El torvisco, más conocido como “matagallinas”, es un arbusto que puede alcanzar los dos metros de altura, aunque aquí en Navatejera raramente sobrepasa del metro. Es una planta muy ramificada, con ramas largas y hojas con forma de punta de espada, todas dirigidas hacia arriba.

En el campo de Navatejera se le puede ver en los bordes de caminos y cunetas, entre aulagas y tomillos, y también en claros del monte. Desarrolla unas flores blancas al final del verano y durante el otoño, muy aromáticas pero irritantes.

Su fruto, como se puede apreciar en la fotografía, son pequeñas bayas carnosas, redondas y de color rojo anaranjado. Toda la planta es tóxica, su efecto purgante de la corteza y de las hojas es considerado venenoso, ya que puede producir ampollas en la piel tras un prolongado contacto con ella, sobre todo en niños pequeños. Los animales la ignoran y las aves creo que también, al menos yo no he visto ningún pájaro alimentarse de este fruto.

Antiguamente, después de varios días al sol, se hacían cuerdas con la corteza del tallo por su flexibilidad y resistencia, con lo que se lograba hacer nudos muy finos. También se empleaba para labores de cestería, las ramas se empleaban para atar los haces de hierba, así como para otras labores del campo. Igualmente, se utilizaba como insecticida natural para los gallineros en manojos colgados del techo para mantener a las gallinas y pollos a salvo de piojos.

Otra curiosidad de este pequeño arbusto es que sus ramas se empleaban como medio de pesca cuando los ríos y arroyos bajaban escasos de agua, sobre todo con el estiaje del verano. Su resina tóxica es tan potente, que deja el agua sin oxígeno en poco tiempo, un elemento fundamental para la supervivencia de los peces, por lo que echando algunos manojos de ramas, el agua se queda sin oxígeno. Al cavo de un par de horas solo hay que ir recogiendo los peces panza arriba y meterlos en la cesta. Esta forma de pescar se conoce como “entorviscar, y antiguamente se usaba mucho en los pueblos ribereños, donde a penas existía guardería, ya que este método de pesca estaba prohibido como lo está hoy día. También se empleaban las raíces con la misma finalidad; envenenar el agua.  

El torvisco en otoño con su fruto color rojo. Navatejera, noviembre 2025.
Otra de las curiosidades del torvisco es que sus hojas se utilizaban para teñir la lana y la seda de color amarillo. 
¿Que cosas más curiosas tienen algunas plantas, verdad? Así es la naturaleza, un mundo lleno de sorpresas.

Un apunte más: a excepción del fruto del majuelo (los majolinos) y el escaramujo del rosal silvestre, la mayoría de las plantas de campo con frutos redondos y de color rojo como el agracejo o la uva del diablo son tóxicos, por lo que si no conoces bien la planta, no debes manipularla ni llevarla a tu casa. Esta sugerencia es válida también para algunas flores y setas. 

Viejos amigos, viejos caminos


Tres amigos y un paseo por los viejos caminos.

Después de mucho tiempo sin juntarnos, por fin coincidimos los tres de siempre, los amigos de toda la vida, compañeros de caza y de mil historias.

Ya no somos los jóvenes de antes, aquellos muchachos que corrían tras las perdices con las escopetas al hombro y el corazón lleno de ilusiones, eso está claro, pero seguimos con las mismas ganas de reírnos, de hablar de todo un poco, de recordar viejas historias. 

Hoy el tiempo ha dejado su huella en cada uno: uno acaba de pasar por el taller y dice que ahora se encuentra mejor, que es capaz de seguir a un bando de perdices; otro, viudo, presume con razón de sus dos nietos que le tienen loco de contento, sobre todo del nieto que tiene toda la pinta de ser otro buen cazador; y yo, soltero por vocación, afronto mis achaques propios de la edad con humor, porque al final la vida —como la caza —se disfruta mejor con buena compañía.
Qué fotografía tan entrañable. Espero veros juntos muchos años más.

Amigos de la infancia. ¿Recuerdas cuando íbamos a nidos? “Ja, ja, ja”

Otra fotografía entrañable para el recuerdo.

Hoy martes catorce de octubre, nos dimos juntos un paseo por el campo de Navatejera, nuestro campo de toda la vida, sin prisas, respirando el aire limpio, recordando días memorables de caza: los perros, los almuerzos al sol y las carcajadas. Hoy no éramos tres cazadores, sino tres amigos agradecidos de seguir juntos, respirando el mismo aire y recorriendo los mismos caminos que tantas veces nos vio crecer y hacernos mayores.

Ya no corremos tras las perdices, pero seguimos persiguiendo los buenos momentos. Y hoy, sin duda, fue uno de ellos.

Qué tiempos, aquellos, ¡verdad! Y que bien lo pasamos juntos.

Un pequeño descanso en uno de los lugares más hermosos del campo de Navatejera, La Fontanilla. Al fondo limpiando la fuente de las hojas caídas propias de esta época otoñal.


¡Vaya pareja!

Hasta pronto. 😂😂😂

Refrescando las resecas gargantas después de una tarde de paseo por el campo de Navatejera. 

Recogiendo los desperdicios del mirador de Isidro.


El Agracejo.

El Agracejo, también conocido en Navatejera como “bonete de cura”.

El agracejo es una pequeña planta, bueno, más que una pequeña planta, podríamos decir que es un pequeño árbol que puede alcanzar los tres metros de altura. En Navatejera crece en claros del monte, en linderos y cunetas con buen drenaje. El fruto es una cápsula carnosa de color rosado que se vuelve roja al madurar. Se agrupa en racimos, con cuatro gajos que son los que contienen las semillas. Toda la planta es tóxica. El fruto contiene cafeína, pero no por ello son comestibles.

Antiguamente, con el fruto seco y pulverizado, se usaba como insecticida contra los ácaros y los piojos. El fruto aparece en otoño, en el mes de octubre, hasta bien entrado el invierno, una época en que las semillas junto con la pulpa del fruto son comidas por los pájaros que las dispersan para su propagación.

Toda la planta es venenosa para los seres humanos, también para los animales como las ovejas y cabras que la evitan. 

El fruto del agracejo en octubre.