Equipo juvenil de balonmano Agustinos de León, año 1965

Equipo juvenil Agustinos de León. Campeón de España de balonmano, año 1965.

 Equipo juvenil de balonmano Agustinos de León, campeón de España año 1965. Entrenador: Padre Nicanor Rodriguez. Final: Pamplona (Navarra). Finalista: Barcelona club balonmano juvenil. Mejor jugador del torneo el que suscribe: fila de arriba segundo por la izquierda. Hoy tiene 74 años y vive felizmente en Navatejera (León).

Es un orgullo para mi compartir con todos vosotros este viaje en el tiempo. Gracias a estas fotografías, hoy el archivo histórico del balonmano de León es un poco más rico, más justo y tiene los nombres y las caras de los campeones reales que sudaron ese chándal con la "V" en el pecho.

Un alto en el camino de regreso a León, posando con la copa de campeones de España.

El Padre Nicanor Rodríguez en el centro (fila de arriba), fue nuestro entrenador, uno de los religiosos encargado de canalizar esa tremenda energía que teníamos los chavales de mi generación con el balón. Bajo su tutela e instrucciones en el patio del antiguo colegio Agustinos de León, el equipo infantil- alevín (más tarde juvenil), se batió contra los demás equipos de la capital y provincias limítrofes hasta llegar a jugar el torneo en Pamplona (Navarra) y la final contra el Barcelona juvenil.

Este título de campeones de España que recuerdo con nostalgia y orgullo, fue el fruto directo de la disciplina y entrega de cada uno de los componentes del equipo. Fue también el fruto directo de los entrenamientos y las estrategias que nos marcaba el Padre Nicanor en el día a día.

Tener la oportunidad de recordar al Padre Nicanor siempre con sus gafas oscuras, a los componentes del equipo de balonmano juvenil con las rodillas raspadas por las caídas en el patio del colegio y ver que nuestros nombres siguen vivos en el recuerdo de nuestro colegio Nuestra Madre del Buen Consejo, PP. Agustinos de León, es un verdadero viaje en el tiempo.

¡Que inmenso valor testimonial tienen estas dos fotografías. Es el perfecto reflejo de lo que eran aquellos viajes de la época; carreteras secundarias, autobuses sin aire acondicionado y paradas en el arcén para estirar las piernas, para respirar el aire puro del campo y celebrar la victoria con los compañeros.

¡Viva el balonmano leonés y el colegio Agustinos de León!  


Cada planta una historia: "la manzanilla"

"La manzanilla de campo" entre hierbas de forraje (heno). Navatejera, verano 2025

La manzanilla o "manzana de campo" es una planta pequeña, humilde y poderosa. Su corola es amarilla rodeada de flores radiales blancas, muy parecida a la margarita. Florece en verano y crece donde hay calma: entre huertos y veredas, en campos de heno, bordes de caminos, terrenos baldíos y alrededor de tierras de cultivo. 

La manzanilla guarda en su olor todo el consuelo del mundo. Su fragancia es dulce, afrutada y herbácea. Se utiliza en productos de cosmética para el cuidado del cabello y de la piel, para dar sabor y aromatizar alimentos, y también como planta decorativa.

El té de la manzanilla es una infusión de hierbas a base de flores secas y agua caliente, que da como resultado una bebida color amarillo claro, aromática y ligeramente amarga.

La historia:

Fue una tarde de verano en la que el sol calentaba más de lo que parecía. Había llegado hasta La Fontanilla pensando que el agua fresca de la fuente me aliviaría un poco la reseca garganta y al mismo tiempo me espabilaría las ideas. Y sí, espabilarme me espabiló, pero también me dejó el estómago revuelto y la garganta dolorida, como si él frío se hubiera metido hasta dentro y no supiera cómo salir.

Regresé a casa caminando despacio. Ya en la cocina puse agua a calentar y me serví una manzanilla en una taza de porcelana fina, de esas tazas que ya no se compran, pero se guardan como oro en paño. Al poco rato de tomar unos sorbos me sentí aliviado, como si me hubiera puesto una manta alrededor, como si supiera de antemano que hay dolores que no necesitan nombre, solo calor.

Mientras bebía pensé en todas las veces que la manzanilla me había salvado de esos momentos de malestar, de ese cansancio raro que a veces se instala en el cuerpo. 

Me quedé sentado, en silencio, bebiendo la infusión a sorbos, escuchando música por la radio.

Usos tradicionales en infusión:

- Alivia el dolor de estómago y los cólicos
- Calma los nervios y ayuda a dormir
- Suaviza la piel, los ojos y las penas
- Es símbolo de compañía, de ternura y de hogar

Receta emocional para cuando el cuerpo pide cobijo:

- Una cucharadita de flores secas de manzanilla
- Agua hirviendo
- Una taza de porcelana con historia
- Una cocina con terraza y flores
- Un poco de música relajante

Modo de preparar la infusión:

- Pon la manzanilla en la taza
- Vierte el agua
- Tapa y deja reposar unos minutos
- Bebe despacio, sin prisa, a sorbos, dejando que el calor entre en tu cuerpo, allí donde duele
-Y si tienes suerte, que sea tu madre quien te la prepare y te la sirva, o alguien que te quiera igual.




Cada planta una historia: el cardo borriquero

 

Cardo borriquero
No sé porqué, pero me entraron ganas de dar un paseo por el campo de Navatejera, sin destino, como quien busca algo sin saber qué.

Iba haciendo "La Ruta Los Siseros", cuando me acordé de una historia que me contó un hombre hace mucho tiempo. No recuerdo ahora su nombre, solo sé que era de Navatejera, y decía la gente de él que era como el cardo borriquero: seco por fuera, de palabras justas, pero con un corazón de esos que curan.

Me contó que recogía cardo borriquero todos los veranos, justo cuando más pinchaba. "-Si sabes cómo tocarlos - decía  -no duele". Me decía que sabiendo prepararlo, limpiaba por dentro los envenenamientos que no salen en las analíticas. 

Le imaginé caminando por caminos y senderos con las manos protegidas y los ojos bien atentos, cortando el cardo despacio, envolviendo cada rama con la delicadeza que otros solo reservan para las flores.

Dicen que los usaba para purgar, para las digestiones pesadas, para cuando a alguien se le habían quedado cosas atravesadas, pero también, y esto me lo contaron bajito, para los duelos largos, para la tristeza terca, para los hombres duros que no saben llorar.

Me quedé un buen rato sentado en el camino al lado de unos cardos borriqueros. El aire olía a resina de un pinar cercano y al omnipresente olor del tomillo, y tal vez a algo más. A respeto tal vez. A esa sabiduría popular que no presume, pero que está ahí para ser escuchada.

Y mientras el sol de julio desaparecía, pensé que hay gente así, que pincha si no sabes tratarla, pero si te acercas con una sonrisa, te enseñan a sanarte por dentro.

Cardo borriquero en flor. Camino los Siseros de Navatejera.

El cardo borriquero, también conocido en Navatejera como "cardo mariano" es espinoso, testarudo, hermoso en su rareza, con una corola rosada-púrpura. Crece donde pocas plantas se atreven: en las cunetas, entre ruinas, en los huertos abandonados, y allí donde la tierra es dura.

Usos tradicionales:

-Fortalece el hígado y lo regenera.
-Ayuda a depurar toxinas (alcohol, medicamentos, emociones retenidas).
-Mejora la digestión y los cólicos.
-Refuerza el sistema inmunológico.
-Es símbolo de limpieza profunda y renacimiento.

Receta:

-Una cucharada pequeña de semillas de cardo borriquero molidas.
-Una taza de agua.
-Un reposo largo.

Modo de prepararlo:

-Hierve el agua.
-Añade las semillas molidas.
-Tapa la taza y deja reposar 15 minutos.
-Cuelala y bébela despacio, a sorbos.

Y mientras lo haces, piensa en ese hombre seco por fuera, pero con un corazón grande que sabía cuándo cortar el cardo, cuando hervir, y cuanto tiempo reposar. 

(No necesitas su nombre, solamente seguir sus consejos)






Cada planta una historia: el tomillo

El tomillo

Era primavera en el campo de Navatejera y el aire olía a tomillo, pero también a otras plantas, una especie de olores y fragancias entremezcladas que solo se respira bien cuando te dejas llevar.

En un baldío donde el sol pegaba fuerte y el tiempo parecía quedarse a descansar, lo noté. Ese olor: fresco, terroso, fuerte. El tomillo estaba en flor: pequeño, morado, valiente. Asomaba entre las piedras como si nada, como si todo. Me agaché a tocarlo y el aroma me golpeó de lleno trasladandome de repente a mi juventud cuando por estos pagos corría detrás de perdices y liebres..

Que yo recuerde aquí siempre ha habido tomillos. En verano se huele sin querer a cientos de metros. Antiguamente se usaba para los resfriados, para los dolores de barriga, para los guisos... pero también para adornar los altares de las iglesias. Para perfumar el ambiente los días festivos. Para que los rezos y plegarias no olieran a encierro, sino a campo.

El tomillo en flor

 En la edad media lo usaban para purificar la casa y los animales, y para dar fuerza a los cuerpos debilitados. Se quemaba como incienso rústico. Se cocía en agua y se llevaba encima en saquitos como amuletos.

Arranqué unas pocas ramas de tomillo y las guardé en el bolsillo como quien guarda un secreto. Al volver a casa, abrí el papel donde las había envuelto. El olor seguía intacto. Esa tarde ya en casa las puse a secar.

Al cabo de unos días, cuando ya estaban bien secas, las eché en un guiso de patatas y carne, y mientras se cocinaba pensé en la transformación que experimenta el campo en primavera con la flor del tomillo. En la decoración de los altares con su flor violeta y en el olor que impregnaba cada rincón de la instancia, y cómo lo que parece tan insignificante, es muchas veces lo que sostiene el alma.

Hay plantas que no sólo sanan el cuerpo. También abren grietas suaves en la memoria, Te susurran cosas al oído que no sabías que necesitaras escuchar. Porque el tomillo no es solo una planta más. El tomillo es historia, son recuerdos de infancia, es campo, es flor de primavera, fragancia de verano, olor de otoño... 

Receta emocional: 

Unas ramitas secas de tomillo.

- Una vela encendida.

- Una foto de tu infancia.

- Y una pregunta en el pecho.

1º Enciende unas pocas ramas secas de tomillo con cuidado.

2ºDeja que el humo recorra la estancia y también tu cuerpo.

3º Respira profundo

4º Agradece ese momento.

Y si hay algo que no entiendes, no lo fuerces. Déjalo arder🔥.




Cada planta una historia: Nabo del diablo

Nabo del diablo

 Prestar atención sobre esta planta muy común en el campo de Navatejera, porque se trata de una planta muy tóxica mortal. Se la conoce con el nombre de “nabo del diablo” o “apio del diablo”.

Una característica a tener en cuenta es que sus flores de color blanco están dispersas en forma de sombrilla (umbela), por lo tanto, nunca manipular o comer plantas de este tipo, pues hay muchas y diferentes que no conocemos y podemos llegar a confundirlas. Como dijo el autor de “Las Mil y una Noches”, “planta que no te da de comer, déjala correr”. Su floración comienza a principios de primavera hasta finales del verano y suele crecer en acequias y terrenos húmedos como regueros, caminos y cunetas.

Las hojas de color verde son muy divididas como las que tienen la zanahoria o el perejil. La raíz es
de color morado muy poderosa y multitudinaria que cuando se corta desprende un líquido característico de color amarillo anaranjado.

En el caso de confundir esta planta y comerla por error, lo primero que hay que hacer es ingresar en el hospital más cercano que tengamos y pedir ayuda médica lo antes posible. Los síntomas son claros: ataca al sistema nervioso central y puede causar vómitos, convulsiones permanentes hasta un paro respiratorio.

Este tipo de intoxicaciones, muy comunes en la ingesta de setas desconocidas, es muy importante que el paciente describa al médico que le atiende que tipo de planta ha comido: forma, color, etc. pues de lo contrario el diagnóstico se convierte en imposible. La confusión está detrás de la gran mayoría de casos de envenenamientos, ya sean plantas o setas. Sin embargo, el tiempo es clave para el buen pronostico y tratamiento.

El Boletus edulis

Boletus edulis

 Si existe un tipo de seta en Navatejera que despierta el interés general, ese probablemente sea el Boletus edulis, más conocido como “seta calabaza”, muy apreciado tanto por los aficionados a la micología, como por los amantes de la gastronomía otoñal.

La principal forma de identificar un boletus es la ausencia de láminas bajo el sombrero como tienen los níscalos o la seta de cardo. Los boletus tienen una superficie porosa similar a una esponja. Esta especie de esponja está formada por tubos o poros. Otra característica de los boletus es que son setas carnosas y blandas al tacto con forma generalmente de paraguas.

La esponja de los boletus es de color blanco cuando son jóvenes, amarillenta en edad intermedia y verde oliva cuando ya son viejos. Si la esponja es blanca se puede comer, si es amarilla es mejor retirarla y espaciarla por el suelo, y si es de un tono oliva mejor dejarla sin tocar.

Al recolectar los boletus hay que asegurarse de que no tengan gusanos, para ello es recomendable hacer cortes en el pie del boletus y mirar si tiene galerías o pequeños agujeros por donde sube el gusano, lo mismo que hacemos cuando pelamos una patata que ha sido atacada por algún gusano, pero no sabemos hasta donde ha llegado.

Las cuatro especies de boletus más buscados y mejor valorados que podemos encontrar en nuestro campo de Navatejera, denominados por los expertos como “los cuatro magníficos” son: B. edulis, B.aereus, B. pinícola y B. reticulatus.

El más común de todos ellos es el B. edulis, más conocido como “seta calabaza”. Una de las características de este boletus es la arista blanca que recorre toda la margen del sombrero. El B. edulis es el de mayor prestigio culinario dentro del género Boletus y el más usual de todos debido a que brota en gran cantidad de hábitats diferentes.

El B. edulis destaca por su carne blanquecina y sombrero viscoso de color canela, aunque de viejo tire a un color más claro. El color del sombrero depende en gran medida de donde aflore la seta, si en pinares, en matas de robles o bajo encinas, también si es joven o adulto.

El robusto pie del B. edulis es de color crema blanquecino de joven, que con el tiempo se vuelve amarillo verdoso, con un entramado de mallas fibrosas. El B. edulis es una seta comestible muy apreciada en muchas cocinas, generalmente crece asociado a plantas y árboles como el roble, la encina o el pino silvestre, también se le puede encontrar entre aulagas y brezos.

El B. edulis suele aparecer ya desde finales de verano hasta finales de otoño, especialmente después de días seguidos de lluvia.

Existen otros boletus comestibles como el B.aereus, más conocido como “seta negra” con sombrero marrón tirando a negruzco y pie en forma de botijo.

Boletus aereus
 
Boletus pinicola
El B. pinicola también conocido como “seta de pino”. Es el boleto de primavera por excelencia. Brota desde primavera hasta finales de otoño. En algunos pinares de Navatejera este boletus es muy abundante en primavera, en otros pinares es más abundante en otoño. 

Como todos los boletus necesita lluvia abundante y temperaturas suaves. Crece bajo los pinos silvestres viejos, aunque también se le puede encontrar en el monte asociado a matas de robles o bajo encinas. El sombrero presenta un color caoba a pardo rojizo. El pie es grueso, ventrudo hacia la base y muy panzudo. La carne es blanca, densa y espesa, con un olor perfumado y sabor agradable, muy parecido al B. edulis.

Boletus reticulatus
Otro boletus comestible es el Boletus reticulatus, más conocido como “boleto de verano”. Es un boleto que le gusta la calor, de ahí que su temporada alta sea en pleno verano. El sombrero presenta una cutícula o piel seca y aterciopelada que tiende a agrietarse con tiempo seco. Es de color marrón pardo o avellanado. El pie presenta una retícula bien marcada, una especie de malla bulbosa y prominente. La carne es blanca, gruesa y firme con un olor agradable. Brota desde finales de la primavera hasta finales de verano. En el campo de Navatejera se le puede encontrar bajo encinas, matas de robles y en pinares añosos.

Hay otros boletus que no tienen ningún valor gastronómico como el B. fragans, B. calupus, etc. Y hay otras dos especies que son tóxicas aunque no mortales como el B. satanás y el B. rhodoxanthus que se caracterizan por tener un tono rojo muy llamativo.