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| El tomillo |
En un baldío donde el sol pegaba fuerte y el tiempo parecía quedarse a descansar, lo noté. Ese olor: fresco, terroso, fuerte. El tomillo estaba en flor: pequeño, morado, valiente. Asomaba entre las piedras como si nada, como si todo. Me agaché a tocarlo y el aroma me golpeó de lleno trasladandome de repente a mi juventud cuando por estos pagos corría detrás de perdices y liebres..
Que yo recuerde aquí siempre ha habido tomillos. En verano se huele sin querer a cientos de metros. Antiguamente se usaba para los resfriados, para los dolores de barriga, para los guisos... pero también para adornar los altares de las iglesias. Para perfumar el ambiente los días festivos. Para que los rezos y plegarias no olieran a encierro, sino a campo.
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| El tomillo en flor |
En la edad media lo usaban para purificar la casa y los animales, y para dar fuerza a los cuerpos debilitados. Se quemaba como incienso rústico. Se cocía en agua y se llevaba encima en saquitos como amuletos.
Arranqué unas pocas ramas de tomillo y las guardé en el bolsillo como quien guarda un secreto. Al volver a casa, abrí el papel donde las había envuelto. El olor seguía intacto. Esa tarde ya en casa las puse a secar.
Al cabo de unos días, cuando ya estaban bien secas, las eché en un guiso de patatas y carne, y mientras se cocinaba pensé en la transformación que experimenta el campo en primavera con la flor del tomillo. En la decoración de los altares con su flor violeta y en el olor que impregnaba cada rincón de la instancia, y cómo lo que parece tan insignificante, es muchas veces lo que sostiene el alma.
Hay plantas que no sólo sanan el cuerpo. También abren grietas suaves en la memoria, Te susurran cosas al oído que no sabías que necesitaras escuchar. Porque el tomillo no es solo una planta más. El tomillo es historia, son recuerdos de infancia, es campo, es flor de primavera, fragancia de verano, olor de otoño...
Receta emocional:
- Unas ramitas secas de tomillo.
- Una vela encendida.
- Una foto de tu infancia.
- Y una pregunta en el pecho.
1º Enciende unas pocas ramas secas de tomillo con cuidado.
2ºDeja que el humo recorra la estancia y también tu cuerpo.
3º Respira profundo
4º Agradece ese momento.
Y si hay algo que no entiendes, no lo fuerces. Déjalo arder🔥.





































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