Equipo juvenil de balonmano Agustinos de León, año 1965

Equipo juvenil Agustinos de León. Campeón de España de balonmano, año 1965.

 Equipo juvenil de balonmano Agustinos de León, campeón de España año 1965. Entrenador: Padre Nicanor Rodriguez. Final: Pamplona (Navarra). Finalista: Barcelona club balonmano juvenil. Mejor jugador del torneo el que suscribe: fila de arriba segundo por la izquierda (estrella). Hoy tiene 74 años y vive felizmente en Navatejera (León). Trofeo al jugador más joven; a mi hermano Luís 72 años, fila de abajo segundo por la izquierda. Vive también en Navatejera.

Es un orgullo para mi compartir con todos vosotros este viaje en el tiempo. Gracias a estas fotografías, hoy el archivo histórico del balonmano de León es un poco más rico, más justo y tiene los nombres y las caras de los campeones reales que sudaron ese chándal con la "V" en el pecho.

Un alto en el camino de regreso a León, posando con la copa de campeones de España.

El Padre Nicanor Rodríguez en el centro (fila de arriba), fue nuestro entrenador, uno de los religiosos encargado de canalizar esa tremenda energía que teníamos los chavales de mi generación con el balón. Bajo su tutela e instrucciones en el patio del antiguo colegio Agustinos de León, el equipo infantil- alevín (más tarde juvenil), se batió contra los demás equipos de la capital y provincias limítrofes hasta llegar a jugar el torneo en Pamplona (Navarra) y la final contra el Barcelona juvenil.

Este título de campeones de España que recuerdo con nostalgia y orgullo, fue el fruto directo de la disciplina y entrega de cada uno de los componentes del equipo. Fue también el fruto directo de los entrenamientos y las estrategias que nos marcaba el Padre Nicanor en el día a día.

Tener la oportunidad de recordar al Padre Nicanor siempre con sus gafas oscuras, a los componentes del equipo de balonmano juvenil con las rodillas raspadas por las caídas en el patio del colegio y ver que nuestros nombres siguen vivos en el recuerdo de nuestro colegio Nuestra Madre del Buen Consejo, PP. Agustinos de León, es un verdadero viaje en el tiempo.

¡Que inmenso valor testimonial tienen estas dos fotografías. Es el perfecto reflejo de lo que eran aquellos viajes de la época; carreteras secundarias, autobuses sin aire acondicionado y paradas en el arcén para estirar las piernas, para respirar el aire puro del campo y celebrar la victoria con los compañeros.

¡Viva el balonmano leonés y el colegio Agustinos de León!  


Cada planta una historia: "la manzanilla"

"La manzanilla de campo" entre hierbas de forraje (heno). Navatejera, verano 2025

La manzanilla o "manzana de campo" es una planta pequeña, humilde y poderosa. Su corola es amarilla rodeada de flores radiales blancas, muy parecida a la margarita. Florece en verano y crece donde hay calma: entre huertos y veredas, en campos de heno, bordes de caminos, terrenos baldíos y alrededor de tierras de cultivo. 

La manzanilla guarda en su olor todo el consuelo del mundo. Su fragancia es dulce, afrutada y herbácea. Se utiliza en productos de cosmética para el cuidado del cabello y de la piel, para dar sabor y aromatizar alimentos, y también como planta decorativa.

El té de la manzanilla es una infusión de hierbas a base de flores secas y agua caliente, que da como resultado una bebida color amarillo claro, aromática y ligeramente amarga.

La historia:

Fue una tarde de verano en la que el sol calentaba más de lo que parecía. Había llegado hasta La Fontanilla pensando que el agua fresca de la fuente me aliviaría un poco la reseca garganta y al mismo tiempo me espabilaría las ideas. Y sí, espabilarme me espabiló, pero también me dejó el estómago revuelto y la garganta dolorida, como si él frío se hubiera metido hasta dentro y no supiera cómo salir.

Regresé a casa caminando despacio. Ya en la cocina puse agua a calentar y me serví una manzanilla en una taza de porcelana fina, de esas tazas que ya no se compran, pero se guardan como oro en paño. Al poco rato de tomar unos sorbos me sentí aliviado, como si me hubiera puesto una manta alrededor, como si supiera de antemano que hay dolores que no necesitan nombre, solo calor.

Mientras bebía pensé en todas las veces que la manzanilla me había salvado de esos momentos de malestar, de ese cansancio raro que a veces se instala en el cuerpo. 

Me quedé sentado, en silencio, bebiendo la infusión a sorbos, escuchando música por la radio.

Usos tradicionales en infusión:

- Alivia el dolor de estómago y los cólicos
- Calma los nervios y ayuda a dormir
- Suaviza la piel, los ojos y las penas
- Es símbolo de compañía, de ternura y de hogar

Receta emocional para cuando el cuerpo pide cobijo:

- Una cucharadita de flores secas de manzanilla
- Agua hirviendo
- Una taza de porcelana con historia
- Una cocina con terraza y flores
- Un poco de música relajante

Modo de preparar la infusión:

- Pon la manzanilla en la taza
- Vierte el agua
- Tapa y deja reposar unos minutos
- Bebe despacio, sin prisa, a sorbos, dejando que el calor entre en tu cuerpo, allí donde duele
-Y si tienes suerte, que sea tu madre quien te la prepare y te la sirva, o alguien que te quiera igual.




Cada planta una historia: el cardo borriquero

 

Cardo borriquero
No sé porqué, pero me entraron ganas de dar un paseo por el campo de Navatejera, sin destino, como quien busca algo sin saber qué.

Iba haciendo "La Ruta Los Siseros", cuando me acordé de una historia que me contó un hombre hace mucho tiempo. No recuerdo ahora su nombre, solo sé que era de Navatejera, y decía la gente de él que era como el cardo borriquero: seco por fuera, de palabras justas, pero con un corazón de esos que curan.

Me contó que recogía cardo borriquero todos los veranos, justo cuando más pinchaba. "-Si sabes cómo tocarlos - decía  -no duele". Me decía que sabiendo prepararlo, limpiaba por dentro los envenenamientos que no salen en las analíticas. 

Le imaginé caminando por caminos y senderos con las manos protegidas y los ojos bien atentos, cortando el cardo despacio, envolviendo cada rama con la delicadeza que otros solo reservan para las flores.

Dicen que los usaba para purgar, para las digestiones pesadas, para cuando a alguien se le habían quedado cosas atravesadas, pero también, y esto me lo contaron bajito, para los duelos largos, para la tristeza terca, para los hombres duros que no saben llorar.

Me quedé un buen rato sentado en el camino al lado de unos cardos borriqueros. El aire olía a resina de un pinar cercano y al omnipresente olor del tomillo, y tal vez a algo más. A respeto tal vez. A esa sabiduría popular que no presume, pero que está ahí para ser escuchada.

Y mientras el sol de julio desaparecía, pensé que hay gente así, que pincha si no sabes tratarla, pero si te acercas con una sonrisa, te enseñan a sanarte por dentro.

Cardo borriquero en flor. Camino los Siseros de Navatejera.

El cardo borriquero, también conocido en Navatejera como "cardo mariano" es espinoso, testarudo, hermoso en su rareza, con una corola rosada-púrpura. Crece donde pocas plantas se atreven: en las cunetas, entre ruinas, en los huertos abandonados, y allí donde la tierra es dura.

Usos tradicionales:

-Fortalece el hígado y lo regenera.
-Ayuda a depurar toxinas (alcohol, medicamentos, emociones retenidas).
-Mejora la digestión y los cólicos.
-Refuerza el sistema inmunológico.
-Es símbolo de limpieza profunda y renacimiento.

Receta:

-Una cucharada pequeña de semillas de cardo borriquero molidas.
-Una taza de agua.
-Un reposo largo.

Modo de prepararlo:

-Hierve el agua.
-Añade las semillas molidas.
-Tapa la taza y deja reposar 15 minutos.
-Cuelala y bébela despacio, a sorbos.

Y mientras lo haces, piensa en ese hombre seco por fuera, pero con un corazón grande que sabía cuándo cortar el cardo, cuando hervir, y cuanto tiempo reposar. 

(No necesitas su nombre, solamente seguir sus consejos)






Cada planta una historia: el tomillo

El tomillo

Era primavera en el campo de Navatejera y el aire olía a tomillo, pero también a otras plantas, una especie de olores y fragancias entremezcladas que solo se respira bien cuando te dejas llevar.

En un baldío donde el sol pegaba fuerte y el tiempo parecía quedarse a descansar, lo noté. Ese olor: fresco, terroso, fuerte. El tomillo estaba en flor: pequeño, morado, valiente. Asomaba entre las piedras como si nada, como si todo. Me agaché a tocarlo y el aroma me golpeó de lleno trasladandome de repente a mi juventud cuando por estos pagos corría detrás de perdices y liebres..

Que yo recuerde aquí siempre ha habido tomillos. En verano se huele sin querer a cientos de metros. Antiguamente se usaba para los resfriados, para los dolores de barriga, para los guisos... pero también para adornar los altares de las iglesias. Para perfumar el ambiente los días festivos. Para que los rezos y plegarias no olieran a encierro, sino a campo.

El tomillo en flor

 En la edad media lo usaban para purificar la casa y los animales, y para dar fuerza a los cuerpos debilitados. Se quemaba como incienso rústico. Se cocía en agua y se llevaba encima en saquitos como amuletos.

Arranqué unas pocas ramas de tomillo y las guardé en el bolsillo como quien guarda un secreto. Al volver a casa, abrí el papel donde las había envuelto. El olor seguía intacto. Esa tarde ya en casa las puse a secar.

Al cabo de unos días, cuando ya estaban bien secas, las eché en un guiso de patatas y carne, y mientras se cocinaba pensé en la transformación que experimenta el campo en primavera con la flor del tomillo. En la decoración de los altares con su flor violeta y en el olor que impregnaba cada rincón de la instancia, y cómo lo que parece tan insignificante, es muchas veces lo que sostiene el alma.

Hay plantas que no sólo sanan el cuerpo. También abren grietas suaves en la memoria, Te susurran cosas al oído que no sabías que necesitaras escuchar. Porque el tomillo no es solo una planta más. El tomillo es historia, son recuerdos de infancia, es campo, es flor de primavera, fragancia de verano, olor de otoño... 

Receta emocional: 

- Unas ramitas secas de tomillo.

- Una vela encendida.

- Una foto de tu infancia.

- Y una pregunta en el pecho.

1º Enciende unas pocas ramas secas de tomillo con cuidado.

2ºDeja que el humo recorra la estancia y también tu cuerpo.

3º Respira profundo

4º Agradece ese momento.

Y si hay algo que no entiendes, no lo fuerces. Déjalo arder🔥.




Cada planta una historia: Nabo del diablo

Nabo del diablo

 Prestar atención sobre esta planta muy común en el campo de Navatejera, porque se trata de una planta muy tóxica mortal. Se la conoce con el nombre de “nabo del diablo” o “apio del diablo”.

Una característica a tener en cuenta es que sus flores de color blanco están dispersas en forma de sombrilla (umbela), por lo tanto, nunca manipular o comer plantas de este tipo, pues hay muchas y diferentes que no conocemos y podemos llegar a confundirlas. Como dijo el autor de “Las Mil y una Noches”, “planta que no te da de comer, déjala correr”. Su floración comienza a principios de primavera hasta finales del verano y suele crecer en acequias y terrenos húmedos como regueros, caminos y cunetas.

Las hojas de color verde son muy divididas como las que tienen la zanahoria o el perejil. La raíz es
de color morado muy poderosa y multitudinaria que cuando se corta desprende un líquido característico de color amarillo anaranjado.

En el caso de confundir esta planta y comerla por error, lo primero que hay que hacer es ingresar en el hospital más cercano que tengamos y pedir ayuda médica lo antes posible. Los síntomas son claros: ataca al sistema nervioso central y puede causar vómitos, convulsiones permanentes hasta un paro respiratorio.

Este tipo de intoxicaciones, muy comunes en la ingesta de setas desconocidas, es muy importante que el paciente describa al médico que le atiende que tipo de planta ha comido: forma, color, etc. pues de lo contrario el diagnóstico se convierte en imposible. La confusión está detrás de la gran mayoría de casos de envenenamientos, ya sean plantas o setas. Sin embargo, el tiempo es clave para el buen pronostico y tratamiento.

El Boletus edulis

Boletus edulis

 Si existe un tipo de seta en Navatejera que despierta el interés general, ese probablemente sea el Boletus edulis, más conocido como “seta calabaza”, muy apreciado tanto por los aficionados a la micología, como por los amantes de la gastronomía otoñal.

La principal forma de identificar un boletus es la ausencia de láminas bajo el sombrero como tienen los níscalos o la seta de cardo. Los boletus tienen una superficie porosa similar a una esponja. Esta especie de esponja está formada por tubos o poros. Otra característica de los boletus es que son setas carnosas y blandas al tacto con forma generalmente de paraguas.

La esponja de los boletus es de color blanco cuando son jóvenes, amarillenta en edad intermedia y verde oliva cuando ya son viejos. Si la esponja es blanca se puede comer, si es amarilla es mejor retirarla y espaciarla por el suelo, y si es de un tono oliva mejor dejarla sin tocar.

Al recolectar los boletus hay que asegurarse de que no tengan gusanos, para ello es recomendable hacer cortes en el pie del boletus y mirar si tiene galerías o pequeños agujeros por donde sube el gusano, lo mismo que hacemos cuando pelamos una patata que ha sido atacada por algún gusano, pero no sabemos hasta donde ha llegado.

Las cuatro especies de boletus más buscados y mejor valorados que podemos encontrar en nuestro campo de Navatejera, denominados por los expertos como “los cuatro magníficos” son: B. edulis, B.aereus, B. pinícola y B. reticulatus.

El más común de todos ellos es el B. edulis, más conocido como “seta calabaza”. Una de las características de este boletus es la arista blanca que recorre toda la margen del sombrero. El B. edulis es el de mayor prestigio culinario dentro del género Boletus y el más usual de todos debido a que brota en gran cantidad de hábitats diferentes.

El B. edulis destaca por su carne blanquecina y sombrero viscoso de color canela, aunque de viejo tire a un color más claro. El color del sombrero depende en gran medida de donde aflore la seta, si en pinares, en matas de robles o bajo encinas, también si es joven o adulto.

El robusto pie del B. edulis es de color crema blanquecino de joven, que con el tiempo se vuelve amarillo verdoso, con un entramado de mallas fibrosas. El B. edulis es una seta comestible muy apreciada en muchas cocinas, generalmente crece asociado a plantas y árboles como el roble, la encina o el pino silvestre, también se le puede encontrar entre aulagas y brezos.

El B. edulis suele aparecer ya desde finales de verano hasta finales de otoño, especialmente después de días seguidos de lluvia.

Existen otros boletus comestibles como el B.aereus, más conocido como “seta negra” con sombrero marrón tirando a negruzco y pie en forma de botijo.

Boletus aereus
 
Boletus pinicola
El B. pinicola también conocido como “seta de pino”. Es el boleto de primavera por excelencia. Brota desde primavera hasta finales de otoño. En algunos pinares de Navatejera este boletus es muy abundante en primavera, en otros pinares es más abundante en otoño. 

Como todos los boletus necesita lluvia abundante y temperaturas suaves. Crece bajo los pinos silvestres viejos, aunque también se le puede encontrar en el monte asociado a matas de robles o bajo encinas. El sombrero presenta un color caoba a pardo rojizo. El pie es grueso, ventrudo hacia la base y muy panzudo. La carne es blanca, densa y espesa, con un olor perfumado y sabor agradable, muy parecido al B. edulis.

Boletus reticulatus
Otro boletus comestible es el Boletus reticulatus, más conocido como “boleto de verano”. Es un boleto que le gusta la calor, de ahí que su temporada alta sea en pleno verano. El sombrero presenta una cutícula o piel seca y aterciopelada que tiende a agrietarse con tiempo seco. Es de color marrón pardo o avellanado. El pie presenta una retícula bien marcada, una especie de malla bulbosa y prominente. La carne es blanca, gruesa y firme con un olor agradable. Brota desde finales de la primavera hasta finales de verano. En el campo de Navatejera se le puede encontrar bajo encinas, matas de robles y en pinares añosos.

Hay otros boletus que no tienen ningún valor gastronómico como el B. fragans, B. calupus, etc. Y hay otras dos especies que son tóxicas aunque no mortales como el B. satanás y el B. rhodoxanthus que se caracterizan por tener un tono rojo muy llamativo.

El níscalo

El níscalo en un pinar de Navatejera. Diciembre 2025.

De entre las múltiples especies de setas comestibles que podemos encontrar en el campo de Navatejera destacan tres: el níscalo, los boletus y la seta de cardo. Hoy vamos a hablar del níscalo, una seta comestible y fácil de identificar, muy común en los pinares de Navatejera y muy apreciada gastronómicamente hablando.

El níscalo aflora desde finales del verano hasta finales de otoño. El sombrero de color naranja-zanahoria, con forma de copa, es relativamente fácil de distinguir entre la hojarasca del suelo, aunque a veces se disfrace de círculos concéntricos de tonos rojizos que le mimetizan con el entorno. De joven, el sombrero del níscalo se encuentra enrollado por los bordes y conforme envejece se aplana para evolucionar en forma de embudo.

Vista inferior del níscalo y el pie ahuecado.

El pie del níscalo es ahuecado, como se puede apreciar en la fotografía, más o menos cilíndrico y estrecho en la base, es del mismo color del sombrero, pero algo más pálido con algunos hoyitos superficiales. Las láminas apretadas y finas son del mismo color que el sombrero. Su carne es densa y compacta, de olor afrutado y de grato sabor, (aunque ami las setas nunca me han gustado demasiado), con un color blanquecino hacia el centro. A menudo se consume asado, guisada o escabechada, y también como complementos de guisos. Sus proteínas son escasas pero de alta calidad, y su contenido en fibra favorece el tránsito intestinal.

El níscalo se oxida rápidamente después de recolectado o cuando envejece, adquiriendo entonces un tono verdoso. Para la recolección del níscalo se suele utilizar navaja con la que cortar el tallo. También es necesario usar una cesta de mimbre o similar, nunca depositarlos en una bolsa de plástico, pues aparte de estar prohibido, las esporas no caerían en el suelo y se podrían llegar extinguir. 

La tonalidad verdosa no es muy agradable para la vista, pero no afecta a su gusto ni a su ingesta. Son un indicador de oxidación y suele aparecer pasados unos días de su recolección o cuando por alguna circunstancia han sufrido algún golpe.

La carne del níscalo es de color blanquecino, densa y compacta

El níscalo al recolectarlo desprende un látex de color naranja casi rojo.


ALGUNOS CONSEJOS:

¿CÓMO SE PUEDE PREVENIR LA INTOXICACIÓN POR SETAS?

—No comer especies mezcladas ni setas crudas o poco cocinadas.
— No ingerir más de 250 gramos de setas a la semana.
—Las setas en grandes cantidades, aunque sean comestibles, son bastante indigestas.
—Estar seguro de que las setas que vamos a cocinar sean comestibles, en última instancia preguntar a un especialista si no estamos seguros.
—Es importante evitar “LOS FALSOS NÍSCALOS” que son tóxicos y pueden causar vómitos y diarrea. Además, se recomienda no dar setas a los niños pequeños, personas mayores o embarazadas debido a los riesgos de intoxicación y deshidratación.

OTROS CONSEJOS:

—Para lavar los níscalos o cualquier otro tipo de setas es recomendable no sumergirlos bajo el grifo o dejarlos en remojo porque absorben demasiada agua, lo que les quita sabor y textura. Lo mejor es limpiarlos con un cepillo suave o un trapo de cocina ligeramente húmedo para retirar la tierra suelta. En caso de que estén muy sucios, se puede hacer un enjuague rápido bajo el chorro de agua fría, asegurándose de secarlos muy bien inmediatamente después.

¿COMO ACTUAR ANTE UNA INTOXICACIÓN POR SETAS?

—Debemos de acudir inmediatamente al centro médico más próximo, en nuestro caso al Hospital de León, para poder tratarlo adecuadamente.

¡Buen provecho!


El torvisco en otoño

 

El torvisco, más conocido en Navatejera como “matagallinas”.
El torvisco, más conocido como “matagallinas”, es un arbusto que puede alcanzar los dos metros de altura, aunque aquí en Navatejera raramente sobrepasa del metro. Es una planta muy ramificada, con ramas largas y hojas con forma de punta de espada, todas dirigidas hacia arriba.

En el campo de Navatejera se le puede ver en los bordes de caminos y cunetas, entre aulagas y tomillos, y también en claros del monte. Desarrolla unas flores blancas al final del verano y durante el otoño, muy aromáticas pero irritantes.

Su fruto, como se puede apreciar en la fotografía, son pequeñas bayas carnosas, redondas y de color rojo anaranjado. Toda la planta es tóxica, su efecto purgante de la corteza y de las hojas es considerado venenoso, ya que puede producir ampollas en la piel tras un prolongado contacto con ella, sobre todo en niños pequeños. Los animales la ignoran y las aves creo que también, al menos yo no he visto ningún pájaro alimentarse de este fruto.

Antiguamente, después de varios días al sol, se hacían cuerdas con la corteza del tallo por su flexibilidad y resistencia, con lo que se lograba hacer nudos muy finos. También se empleaba para labores de cestería, las ramas se empleaban para atar los haces de hierba, así como para otras labores del campo. Igualmente, se utilizaba como insecticida natural para los gallineros en manojos colgados del techo para mantener a las gallinas y pollos a salvo de piojos.

Otra curiosidad de este pequeño arbusto es que sus ramas se empleaban como medio de pesca cuando los ríos y arroyos bajaban escasos de agua, sobre todo con el estiaje del verano. Su resina tóxica es tan potente, que deja el agua sin oxígeno en poco tiempo, un elemento fundamental para la supervivencia de los peces, por lo que echando algunos manojos de ramas, el agua se queda sin oxígeno. Al cavo de un par de horas solo hay que ir recogiendo los peces panza arriba y meterlos en la cesta. Esta forma de pescar se conoce como “entorviscar”, y antiguamente se usaba mucho en los pueblos ribereños, donde a penas existía guardería, ya que este método de pesca estaba prohibido como lo está hoy día. También se empleaban las raíces con la misma finalidad; envenenar el agua.  

El torvisco en otoño con su fruto color rojo. Navatejera, noviembre 2025.
Otra de las curiosidades del torvisco es que sus hojas se utilizaban para teñir la lana y la seda de color amarillo. 
¿Que cosas más curiosas tienen algunas plantas, verdad? Así es la naturaleza, un mundo lleno de sorpresas.

Un apunte más: a excepción del fruto del majuelo (los majolinos) y el escaramujo del rosal silvestre, la mayoría de las plantas de campo con frutos redondos y de color rojo como el agracejo o la uva del diablo son tóxicos, por lo que si no conoces bien la planta, no debes manipularla ni llevarla a tu casa. Esta sugerencia es válida también para algunas flores y setas. 

Viejos amigos, viejos caminos


Tres amigos y un paseo por los viejos caminos.

Hay fotografías que guardan mucho más que una imagen... guardan momentos, amistad y recuerdos.

Después de mucho tiempo sin juntarnos, por fin coincidimos los tres de siempre, los amigos de toda la vida, compañeros de caza y de mil historias.

Ya no somos los jóvenes de antes, aquellos muchachos que corrían tras las perdices con las escopetas al hombro y el corazón lleno de ilusiones, eso está claro, pero seguimos con las mismas ganas de reírnos, de hablar de todo un poco, de recordar viejas historias. 

Hoy el tiempo ha dejado su huella en cada uno: uno acaba de pasar por el taller y dice que ahora se encuentra mejor, que es capaz de seguir a un bando de perdices; otro, viudo, presume con razón de sus dos nietos que le tienen loco de contento, sobre todo del nieto que tiene toda la pinta de ser otro buen cazador; y yo, soltero por vocación, afronto mis achaques propios de la edad con humor, porque al final la vida —como la caza —se disfruta mejor con buena compañía.
Qué fotografía tan entrañable. Espero veros juntos muchos años más.

Amigos de la infancia. ¿Recuerdas cuando íbamos a nidos? “Ja, ja, ja”

Otra fotografía entrañable para el recuerdo.

Hoy martes catorce de octubre, nos dimos juntos un paseo por el campo de Navatejera, nuestro campo de toda la vida, sin prisas, respirando el aire limpio, recordando días memorables de caza: los perros, los almuerzos al sol y las carcajadas. Hoy no éramos tres cazadores, sino tres amigos agradecidos de seguir juntos, respirando el mismo aire y recorriendo los mismos caminos que tantas veces nos vio crecer y hacernos mayores.

Ya no corremos tras las perdices, pero seguimos persiguiendo los buenos momentos. Y hoy, sin duda, fue uno de ellos. Que nunca nos falte la amistad, la salud y las ganas de volver a caminar juntos por los viejos caminos que nos vieron crecer como personas y como cazadores amantes de la naturaleza.

Qué tiempos, aquellos, ¡verdad! Y que bien lo pasamos juntos.

Un pequeño descanso en uno de los lugares más hermosos del campo de Navatejera, La Fontanilla. Al fondo limpiando la fuente de las hojas caídas propias de esta época otoñal.


¡Vaya pareja!

Hasta pronto. 😂😂😂

Una buena mesa, unas cervezas y, sobre todo, la compañía de dos buenos amigos. Porque con los años uno aprende que lo verdaderamente importante no son las grandes cosas, sino esos ratos sencillos que se disfrutan de corazón.

Entre conversaciones, risas y recuerdos compartidos, seguimos sumando momentos a nuestra historia. 

Recogiendo los desperdicios del mirador de Isidro.



El Agracejo.

El Agracejo, también conocido en Navatejera como “bonete de cura”.

El agracejo es una pequeña planta, bueno, más que una pequeña planta, podríamos decir que es un pequeño árbol que puede alcanzar los tres metros de altura. En Navatejera crece en claros del monte, en linderos y cunetas con buen drenaje. El fruto es una cápsula carnosa de color rosado que se vuelve roja al madurar. Se agrupa en racimos, con cuatro gajos que son los que contienen las semillas. Toda la planta es tóxica. El fruto contiene cafeína, pero no por ello son comestibles.

Antiguamente, con el fruto seco y pulverizado, se usaba como insecticida contra los ácaros y los piojos. El fruto aparece en otoño, en el mes de octubre, hasta bien entrado el invierno, una época en que las semillas junto con la pulpa del fruto son comidas por los pájaros que las dispersan para su propagación.

Toda la planta es venenosa para los seres humanos, también para los animales como las ovejas y cabras que la evitan. 

El fruto del agracejo en octubre.
 

"Lirios de otoño".

 El campo esconde secretos maravillosos que solamente aquellos dispuestos a aventurarse en la naturaleza pueden describir. Entre estos tesoros se encuentra una flor única y hermosa llamada «Quitameriendas», más conocida en Navatejera por “Lirios de otoño”, que en esta época adornan los campos de manera espectacular con su flor color violeta (rosa-lila).

La “Quitameriendas”, más conocida en Navatejera como “Lirio de otoño”.

Según avanza el mes de septiembre y las tardes se hacen más cortas, empiezan a brotar en nuestro campo una preciosa flor sin hojas ni tallo en forma de campanilla con seis pétalos color violeta, son los “Lirios de otoño”, más conocidos en el resto del país con el nombre popular de “Quitameriendas”. El origen de este curioso nombre se debe, según nuestros mayores, a que, antiguamente, los pastores y trabajadores del campo se regían por la luz del sol e incluían la comida del mediodía y la merienda en la jornada laboral. Así, según se iban haciendo las tardes más cortas, la jornada laboral también se acortaba y se tendía a eliminar una de las dos comidas, generalmente la merienda, de esta manera solo se incluía en el salario la comida del mediodía.

El “Lirio de otoño” o “Azafrán silvestre”, que también se la conoce con ese nombre, es una planta mala y buena a la vez. Mala porque toda ella es veneno. El ganado no la quiere, los pastores la maldicen y las abejas la evitan. En los prados donde tiene su hábitat preferido quita pasto y quita vida. Mala también porque florece cuando los días se acortan y las labores del campo se recogen antes. Pero también es buena, aunque cueste admitirlo. Buena porque es de las primeras en cicatrizar la tierra calcinada tras un incendio, vistiéndola de un color rosa lila donde antes solo había cenizas. Buena porque en los días cortos de septiembre y octubre abre su copa a los insectos polinizadores que aún buscan néctar. Buena porque recuerda que la naturaleza se defiende con sus propios trucos; cuando todo parece muerto, ella florece. Así son los “Lirios de otoño”: un aviso y un consuelo, un veneno y un bálsamo, un calendario que nos dice que ahora la luz se apaga antes, pero que todavía queda belleza en los prados oscuros.

Es, pues, en estos días de finales del verano y durante el otoño cuando tenemos el privilegio de disfrutar de la presencia de esta bonita florecilla, teniendo en cuenta que en esta época empieza a ser difícil ver otras flores en nuestro campo. Es por ello que su presencia nos alegra tanto a los senderistas y amantes de la naturaleza. Su aparición es un regalo efímero, ya que florece en su máximo esplendor a finales del verano hasta mediados de otoño, proporcionando en algunos lugares un contraste asombroso con el entorno.

Encontrar “Lirios de otoño” en su hábitat natural es una experiencia única. Esta flor prospera en nuestra Vega de Navatejera. Se la puede ver formando corros en “Los Mancebos”, en algunos prados entre la Presa de San Isidro y la Presa Vieja y en la “Vegazana”, también en terrenos baldíos y lindes de caminos, pero en menor cantidad. 


Lirios de otoño en Navatejera. 

Los senderistas que se aventuren en esta época del año, se verán recompensados con la visión de esta hermosa flor formando corros más o menos grandes. Su belleza efímera, crea un ambiente mágico que te dejará con recuerdos inolvidables. 

¡Anímate a realizar rutas de senderismo este otoño y disfruta de la visión de esta flor silvestre y de la espectacular transformación del campo!

Lirios de otoño

El final del verano. 🌧🍃


Primeros soplos de aire fresco.

 Hay un momento, un breve instante justo al final del verano, en el que el aire parece contener el aliento para contarnos que los días estivales están llegando a su fin. Es un momento fugaz, apenas perceptible, que se siente en la piel. Un momento en el que sabemos que los días lluviosos amenazan con envolvernos de nuevo entre viejas memorias y nuevas nostalgias. Un momento en que la brisa fresca del atardecer nos susurra que nos esperan meses de recogimiento. Momentos en el que la vida parece dormirse en algún recóndito lugar para dejar paso a una retahíla infinita de tonos grises y fríos que nos encogen por dentro. Nuestro resplandeciente astro dorado se desvanece lentamente, sutilmente, llevándose con él algo de nosotros, como ese sentimiento de libertad que nos dan las horas extras de sol.

El final del verano, pues, es un duelo silencioso, sin lágrimas ni crueles despedidas, pero ahí está cuando recoges todo tu mundo veraniego en el fondo del armario, cuando te das cuenta de que cada vez los días son más cortos y las sombras más largas. Cuando el silencio comienza a inundarlo todo con su pesado manto. Cuando las terrazas se vacían, las risas se apagan y el buen humor se extingue. Cuando las vacaciones se acaban, dejando paso a las prisas, la ansiedad y el estrés. Porque el verano amigo lector, es mucho más que una bonita estación, es un modo de vida diferente al de otras estaciones del año. Es exprimir al límite cada momento, es atreverte a hacer cosas que nunca habías pensado hacer, a visitar lugares que nunca habías pensado visitar. Es vivir a tope, soñar al máximo, reír como nunca, disfrutar cada día de cada emoción, de cada espectáculo que la naturaleza nos ofrece…

El campo de Navatejera. Septiembre 2025.

Cierra los ojos y respira hondo. La brisa ya no es tan cálida ni los colores del campo son los mismos. Es la primera señal de la despedida, es el verano comenzando a desplegar sus alas para alcanzar el vuelo mientras te susurra al oído que no lo olvides, que guardes todos los buenos momentos que te regaló dentro de ti hasta el próximo año que volváis a encontraros, que recuerdes las risas, el calor y los colores de la naturaleza. Que guardes en tu memoria todas esas promesas que hiciste bajo la sombra protectora de algún árbol, para que el invierno, ese que ya se intuye en la lontananza, sea un poco más llevadero, porque el verano amigo lector no muere, solo se duerme esperando un nuevo renacer esperando ese día en que todo comience a despertar nuevamente.

Solo me queda despedirme de ti y decirte con algo de añoranza, hasta pronto querido verano, hasta que volvamos a abrazarnos de nuevo. Te echaré de menos cada día; echaré de menos tus largos y luminosos días, los calmados paseos al atardecer por el campo, el calor de tu sol sobre mi piel, la alegría que parece iluminar los rostros de la gente, el frescor de la hierba bajo mis pies, la fragancia de las flores, la explosión de colores y la intensa vegetación que inunda el campo. Echaré de menos las verdes hojas de los árboles, tu cielo azul inmenso, tu luz, tu color, tu magia, tu alegría… Echaré de menos todo lo que eres, todo lo que me has permitido vivir en el trascurso de tu efímero paso por mi vida.

Campo de Navatejera. Final del verano, septiembre 2025.

 


Los beneficios del campo para la salud.

La Fontanilla de Navatejera. Un lugar para descansar después de un paseo por el campo.

 En agosto, el sol parece detenerse en el cielo para contemplarnos y la naturaleza se convierte en un refugio, un espejo que refleja quienes somos realmente, más allá de la ciudad, del ruido y de las prisas. En estos días cálidos de verano, cuando el aire huele a flores silvestres, tenemos la oportunidad de reconectar, de dejar que la vida fluya a través de nosotros como fluye el agua que sale de la fuente.

Hay algo sanador cuando sales al campo y el sol del atardecer acaricia tu rostro como un amigo al que no has visto en mucho tiempo. Hay algo sanador en tumbarte en un prado mirando las nubes deslizarse perezosas, mientras el zumbido de un insecto cercano te recuerda que la vida, en su simplicidad, es un milagro. Hay algo renovador sentarse junto a una fuente de agua clara y dejar que tus recuerdos fluyan como el agua que sale de ella. Hay algo beneficioso en estas experiencias tan propias del verano y que no encontramos en los meses fríos, cuando todo lo que nos rodea se recoge en sí mismo.

Vivimos en una sociedad que nos aleja cada vez más de lo esencial, que nos enreda en pantallas y horarios, en listas interminables de tareas, en agobios y prisas. Pero cuando caminamos por un sendero, cuando observamos cómo la brisa mece las flores silvestres que inundan de colores el campo, o cuando contemplamos el vuelo de un ave rapaz surcando los cielos, algo en nosotros se aquieta. La naturaleza nos enseña a pausar, a escuchar, a observar, a sentir… Nos recuerda que no necesitamos correr para llegar a ninguna parte, porque ya estamos en el único lugar que importa.

Un paseo por el campo en verano.

La naturaleza, en su inmensa bondad, tiene el poder de sanar. Cuando nos sentimos tristes, agotados o perdidos, ella nos acoge sin preguntarnos quién somos ni de donde venimos. Un paseo por el campo puede calmar la ansiedad que no conseguimos dejar en la ciudad. El sonido del viento entre los árboles puede disolver la tristeza que se aferra al pecho. El simple acto de observar una flor que cambia cada día, nos recuerda que la vida siempre encuentra la manera de seguir adelante.

Esta medicina que nos proporciona el campo no se vende en las farmacias, sin embargo, está al alcance de todos. Basta con sentarnos a la sombra de un árbol y dejar que el mundo natural nos envuelva. Disfruta, como yo de estos momentos, de estos regalos que el campo nos ofrece, si es posible antes de que la naturaleza guarde silencio durante el frío invierno.

Este verano y sobre todo el próximo otoño, te invito a salir, a que conozcas “La Fontanilla” de Navatejera, por ejemplo. No hace falta un plan perfecto, solo abre la puerta de tu casa, respira hondo y déjate llevar. Tal vez sea solo un paseo al amanecer, con el canto de los pájaros como único compañero. Tal vez sea un paseo al atardecer, para luego sentarse en el banco a los pies de la fuente y dejar que las nubes te cuenten historias, o si lo prefieres dejarte llevar por una buena lectura.

La naturaleza está ahí, esperándote con los brazos abiertos. Y en su abrazo encontrarás la paz, encontrarás un pedazo de ti que tal vez habías olvidado.

Hermosa vista desde el banco de “La Fontanilla” de Navatejera.


Paseos de verano por el campo de Navatejera. 🌞

Un paseo por el campo de Navatejera en verano es como una caricia que te hace sentir vivo. Es un lienzo vibrante, pintado de intensos y brillantes colores que despiertan el alma: el dorado del sol que se derrama al atardecer sobre los campos de cereales, el azul profundo del cielo al mediodía, los colores vibrantes de las plantas que bailan al compás del viento…

Cada fragancia, cada roce de calor, constituye una invitación a visitar el campo, a sumergir los pies en la hierba fresca del prado bajo la sombra de un árbol, a cerrar los ojos y permitir que el mundo se desplace a través de los sentidos: a percibir el aroma de las plantas, el canto de los pájaros, ese coro incesante que vibra en el aire, libre y salvaje, a respirar el aire puro y fresco de la montaña… 

Respira hondo, deja que esos olores y otros muchos se aferren en el ahora, deja que te recuerden, que tu corazón aún palpita, que este instante es tuyo y de nadie más.

Flores silvestres. Navatejera, verano 2025.

 
El campo de Navatejera en verano, tiene un perfume que no se olvida tan fácilmente, una fragancia que se cuela en lo más profundo de la memoria y allí se queda aguardando como un tesoro para cuando los días se tornen fríos y oscuros. Ese aroma de los pinos, mezclado con la fragancia del tomillo y el romero, es un recordatorio de que la vida del campo, en su esencia, es fluir, es cambio constante.

El calor del verano no es solo una sensación, es un compañero que se posa sobre los hombros como una manta ligera de algodón, te envuelve y te ralentiza, a veces pesa algo, sí, pero también enseña. Ese calor te pide pausa, te susurra, que no corras, que descanses, que refresques tu garganta con el agua clara de la fuente, que mires el cielo, tan azul que parece infinito, tan vasto que disuelve las preocupaciones en su inmensidad. Mira las flores silvestres que se alzan valientes bajo el sol abrasador, como si dijeran: “aquí estamos, brillando a pesar de todo”. Ese calor, esa luz, son un espejo de nuestra propia resiliencia. Cuando sientas que el invierno te enfría el alma, recuerda ese calor, esa chispa que llevas dentro, y deja que te abrigue.

La fuente de agua clara.

Estas pequeñas cosas, tan simples, pero profundas, son un refugio donde las preocupaciones se diluyen y solo queda la certeza de que estás vivo, respirando, sintiendo… Prueba a dar un paseo por el campo en verano, nada pierdes, pero todo cambia si dejas que resuenen en lo más profundo de tu ser. Así que vive esta hermosa estación con los ojos bien abiertos y el corazón dispuesto para sentirlo todo. Deja que el azul del cielo te envuelva, que los colores de las plantas te fascinen, que los olores te llenen. Toca la corteza rugosa de un pino centenario, siente su historia bajo tus dedos, y cuando el frío llegue, cuando los días se acorten, recuerda esos paseos de verano.

La centenera, bajo la inmensidad de un cielo azul celeste. Navatejera, verano 2025.

¡A cantar en nuestra Fiesta Patronal, que Navatejera florece también con versos! 🎤 🎶


¡Ay Navatejera mía!…


Navatejera en flor 🌹




(CORO) 🎶  

¡Ay Navatejera mía,
rincón del alma leonesa!
Donde el sol besa la piedra
y el aire huele a nobleza.
¡Bailaz, mozos, que la tierra
se alegra con la promesa!

(SOLISTA) 🎤

En mi calle hay alegría,
en tus balcones, canciones,
y en cada paso del pueblo
resuenan viejos timones.

Tu campana no da horas,
da recuerdos y aguardiente,
y en la plaza, cuando bailas,
hasta el viento va de frente.

(CORO) 🎶

¡Ay Navatejera mía,
orgullo de los leones!
Donde el vino se comparte
y se encienden los corazones.
¡tocad gaitas y tambor,
que despierten los rincones!

(SOLISTA) 🎤

Las mozas llevan pañuelo,
los mozos, buen corazón,
y en la misa y en la jota
se vive con devoción.

Que no hay pueblo más valiente,
más florido ni sincero,
¡que viva Navatejera,
mi tesoro verdadero!

 (CORO Y SOLISTA) 🎶🎤

¡Ay Navatejera hermosa,
bandera del alma mía!
Que sí me alejo algún día,
¡que el alma se me partía!
¡Por ti bailo y por ti canto,
con jota, con alegría! 💃 🕺

¡Y que viva nuestro patrón San Miguel Arcangel! 🥁 🎷 😂

"¡Buen pan hay!, ¡buen pan hay!"...


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Pas— pa- llás, pas— pa- llás…

Un paseo por el campo de Navatejera en julio para ver animales es casi como un recorrido a ciegas. Con el oído percibimos la presencia de las aves, los anfibios y los insectos, pero todos ellos, y no digamos los conejos y las liebres, tienen una frustrante resistencia a dejarse ver, y eso es precisamente lo que sucede durante los primeros días de julio, vemos el paisaje y escuchamos la actividad de la fauna, pero nada más.

Los campos de centeno y trigo, el monte de hayas y robles, y los pinos centenarios, suenan al caer de una tarde de verano. En el suelo, entre los tallos espigados del cereal, entre las gramíneas, no se ve a nadie, pero por ahí ajea alguna perdiz, rebullen los grillos, las abejas y los saltamontes. En las copas de los árboles, ahora frondosos, cantan invisibles abubillas, trigueros y currucas, entre otra gente emplumada.

Hacia poniente, la luz de la tarde es rojiza y cálida, tanto que los pinos parecen teñidos de rojo y las nubes, a contraluz, parecen tintadas. Pero si giramos la vista hacia el este, los colores del cielo son azules, fríos; como fría es la luz de la luna que asoma tras las montañas. Sin embargo, a medida que se apaga la luz, el paisaje sonoro recibe un nuevo impulso. Un cuco señala que es la hora del cambio de guardia, justo cuando los mochuelos llaman desde lo más profundo del pinar y los grillos redoblan sus esfuerzos por hacerse oír.

Entretanto, ocultas entre las hierbas altas de los regatos y en las centeneras, tanto a la luz caliente del sol de la tarde como bajo el halo de la luna, las codornices, las poquísimas que aún llegan para anidar en estas tierras, anuncian la buena cosecha de este año con su triple nota melódica— ¡buen pan hay!, ¡buen pan hay!, parecen querer decir—. Aquí y allá, indiferentes a los insecticidas que exterminan su comida o las máquinas cosechadoras que en unos días les segarán su mundo oculto. Las codornices cantan desde el centeno, “¡buen pan hay!” … 


“¡Buen pan hay!, ¡buen pan hay!” …

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 La hora del cambio 

El cuco señala la hora del cambio de guardia.
  

El "¡balcón rebelde!". 1º Parte 🌸


“¡El balcón rebelde!”. 1º Parte

En la calle Gerardo Diego, al doblar la esquina,
vive un balcón que parece una selva vecina.
No hay leones, ni monos, ni un loro gritón,
pero sí, mil flores con jeta de campeón.

Las surfinias, chillonas, se asoman al mundo,
como si fueran reinas de un reino rotundo.
“¡Eh tú, peatón! ¡Mira qué melena!
Más que flores, parecemos la escena de una novela.”

El vecino de abajo, ya no ve la tele,
las flores le tapan hasta los papeles.
Y el del segundo, murmurando: “¡Qué horterada!”
Mientras envidia en secreto la jungla colgada.

Dicen que en verano hay tráfico lento,
la gente se para, ¡selfis al momento!
Hasta un gato intentó, cuál audaz trapecista,
subirse al balcón… y ahora es florista.

Y aunque el presidente de la comunidad
propuso podarlas por pura maldad,
las flores firmaron con gran indignación:
“¡Ni tijeras, ni poda, ni una hoja al montón!”

Así vive el balcón, con orgullo y descaro,
más florido que un desfile en pleno carnaval raro.
Y si alguna vez pasas por esa fachada,
¡no mires arriba… o acabarás enamorada!